Anarquismo: Transcripción

W. J. – ¿Qué sucedió con tu trayectoria política luego de la recuperación democrática?

D. B. – Esa es una cuestión que demarcó mucho mi vida. Yo había sido una militante en un ala más de la izquierda de lo que era en ese momento el peronismo. Yo renuncio totalmente al compromiso que tenía con ese horizonte de ideas populistas y muy confuso que era el peronismo. De modo que tras esa renuncia, me posicioné en otro terreno, en un terreno mucho más crítico que el del propio peronismo y, en este momento, yo absorbo una suerte de ideas que van a posicionarme también como historiadora. Esa suerte de ideas tiene mucho que ver con lo que yo llamaría una “expresión libertaria”. El hecho de haber trabajado sobre el anarquismo me devolvió otra certeza sobre el destino de la democracia en Argentina y, sobre todo, sobre la soberanía de las personas, sobre la vida social.

En aquel momento, hice una interpretación diferente –e inclusive del propio sentido que yo le había dado a la historia–, de la historia personal y de la historia propia de la Argentina. Entonces, cuando yo dejo mis relaciones con la política populista, no hago un camino militante inmediato, sino un camino académico muy crítico de las políticas, no solamente del peronismo, sino en general, de las izquierdas. Notoriamente, esto tuvo mucho que ver con el tipo de trabajo histórico que yo estaba realizando. Ese ir al pasado, me permitió, obviamente, darle muchos significados al presente, y podría decir que en realidad lo que ocurrió (verdaderamente me parece como muy conmovedor para mi vida intelectual), fue ir al pasado con acuciantes preguntas sobre el presente en la sociedad en Argentina.

 

W. J. – Con respecto al movimiento anarquista aparece también en textos tuyos la noción del contra-feminismo del feminismo anarquista. Quizás, podríamos incluir además, las relaciones de esto con el socialismo. ¿Nos podrías mencionar algo al respecto?

D. B. – Sí, el feminismo anarquista es un feminismo paradojal, es un feminismo que no le gusta asumir el concepto de feminista. Pero esto ha sido trabajado también en otros lugares. Mary Nash lo ha dicho para el caso español. Éste es un feminismo peculiar porque adopta fórmulas que las feministas no tenían, fórmulas que luego se agendaron. Por ejemplo, nuestras anarquistas, nuestras contra-feministas anarquistas, exigieron la libertad del cuerpo, plantearon la idea de uniones libres, rechazaron el matrimonio convencional, obviamente, como correspondía a la cuenca del pensamiento anarquista que rechaza el orden jurídico; que está contra el estado, contra sus formas institucionales. Entonces, este feminismo tiene cierta precocidad, su contra-feminismo agenda lo que va a demorar mucho tiempo en ser agendado, inclusive, por el feminismo internacional. El hecho de asumir una franca idea de derecho al cuerpo –la idea de controlar el número de hijos, la idea de disponer del cuerpo de otra manera, la idea de unirse libremente, sexualmente, con otro individuo–, desde luego, todo eso tardó en agendarse, inclusive en el feminismo, en otra manera del feminismo, y yo he rescatado esta interesante vertiente de nuestros feminismos inaugurales, a pesar de que obviamente las anarquistas nunca se dijeron feministas, pues abjuraban del nombre y, sin embargo, fueron capaces de construir en Argentina, junto con los varones anarquistas, un léxico, una puesta en discurso de temas que eran absolutamente crípticos, cerrados, o estaban obstruidos. Entonces, les debemos esa tradición que efectivamente luego se perdió en la Argentina.

La Argentina es una sociedad, que si reconocemos sus trazos fundamentales, fue muy pacata, fue muy clausurada respecto a esta idea central del derecho al cuerpo, del derecho a la sexualidad.