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Historiografía

Una primera referencia a la historia la hace Barrancos cuando habla de sus trayectorias académica y política y de su experiencia de exilio en el Brasil, donde se dan sus primeras lecturas de los trabajos del pensador francés Michel Foucault. En este contexto de las dictaduras en el Cono Sur de finales de los años 1970 y comienzos de los años 1980, se producen múltiples cambios en los que se incluye la aparición de los movimientos sociales y del movimiento feminista, la defensa de la amnistía y la lucha por la transición a la democracia. La influencia teórica de Foucault, sobre todo como historiador, coincide con este momento de cambios políticos tanto a nivel general como a nivel personal. Barrancos renuncia al peronismo y se dedica a estudiar críticamente la historia política de la Argentina, que incluye no sólo al peronismo, sino a las izquierdas y el anarquismo. Este conocimiento del repertorio de posibilidades políticas le devuelve a Barrancos, según menciona en la entrevista, la certeza de la conveniencia de un destino democrático para la Argentina.

La incursión en el campo de la historia y la historiografía le permite a Barrancos expandir el campo de lo que ella llama lo empírico o la realidad empírica. El cambio de perspectiva al estudio de la historia, más concretamente, su uso de la historiografía, le posibilita indagar en un campo empírico y descubrir las particularidades de las realidades sociales de la Argentina y del contexto latinoamericano. Barrancos está bastante comprometida con la búsqueda de casos, de elementos singulares de la realidad que no han podido hacerse visibles por diversas razones. Una de estas razones es el uso de las teorías generales, que en muchos casos, puede obstaculizar la articulación y visualización de singularidades. Luego de establecer una serie de aspectos sobre el quehacer teórico, Barrancos, sugiere que la teoría tiene que enfrentarse siempre con la historiografía.

En el trabajo de Barrancos existen múltiples ejemplos que muestran de forma coherente la tensión que debe existir entre teoría y campo empírico. Tanto la historia como la historiografía, en la práctica de Barrancos, constituyen la posibilidad de inclusión a manera de repertorio, de las particularidades, es decir, de las diferencias de un contexto específico. En el artículo: "Presencia de la mujer en las luchas sociales argentinas de principios de siglo", Barrancos hace referencia, aparte de los movimientos de mujeres progresistas, a la Liga Patriótica Argentina, que a pesar de ser un movimiento conservador, contiene una de las formas de presencia y participación femenina.

En este aspecto se puede ver cómo en principio la práctica de la historiografía debe al menos mencionar y con ello expandir la memoria colectiva, de todo aquello que existió como participación femenina, para luego establecer los análisis y críticas correspondientes. Dice Barrancos al respecto: “No podemos ignorar que esto existió. De hecho, el avance que ha hecho la historiografía del género en estos años, ya implica que tengamos en consideración a las mujeres de todos los segmentos, de todas las posiciones ideológicas, de todas las capillas.” (en: Barrancos, Presencia de la mujer en las luchas sociales argentinas de principios de siglo. Aportes para una Argentina plural. Archivo General de la Nación, Buenos Aires, 16 de octubre de 1997, p. 128).

A manera introductoria, podemos entonces establecer dos campos amplios en la práctica de Barrancos como historiadora: uno, señala su manera crítica de abordar el quehacer teórico, otro, muestra su concepción de la historiografía como campo de práctica fundamental que conduce a la comprensión de las diferencias. El ejercicio de la historiografía en Barrancos amplía el sentido con su lucha feminista: “Finalmente, hoy día sabemos que es gracias sobre todo al feminismo activo, en cualquiera de sus matices y aunque vista el mero ropaje de «movimiento de mujeres», que hay nuevos retos, nuevas demandas, nuevas posiciones y nuevas maneras de preguntarse sobre el pasado de nuestra condición. Es de esa dinámica femenina que brotan cuestiones para pensar qué ocurre con las mujeres y las sociedades, y no sólo para nutrir a la historia, sino a todas las disciplinas sociales y humanísticas.

Gracias a la activa participación de las mujeres en sus organizaciones y escudriñando sus propuestas, hay posibilidad de crear conceptos y armar perspectivas teóricas y metodológicas para indagarlas en el presente y en el pasado.” (en: Barrancos, Presencia de la mujer en las luchas sociales argentinas de principios de siglo, págs. 127 y 128). Este comentario guarda relación con lo que Barrancos dice al principio del artículo y que tiene que ver con esa capacidad de la historiografía de encontrar y de presentar casos sociales que quedaron silenciados: “[…] las mujeres hemos estado presentes siempre, simplemente, y no podría caber negligencia u omisión hoy día, en la tarea de la historiografía, respecto de la participación femenina desde que el mundo es mundo. [...] la idea de la participación femenina a lo largo de los tiempos es hoy una obviedad. Lo que no fue una obviedad es el registro de esa participación, el reconocimiento de esa participación. Tanto los hechos cotidianos anónimos como los más expectables públicos han quedado en una especie de cóncavo opaco porque ha habido una persistencia, por lo menos historiográfica, en no significar debidamente la participación de las mujeres.” (en: Barrancos, Presencia de la mujer en las luchas sociales argentinas de principios de siglo, p. 117).