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Ámbitos de acción

Se trata de una categoría que fue introducida por de Barbieri en 1991, con la publicación del artículo: Los ámbitos de acción de las mujeres, en la Revista Mexicana de Sociología. Los ámbitos de acción son definidos por la autora como espacios de interrelación social, de normas que rigen en distintos sectores (16). A partir de mediados del siglo XX, después de la Segunda guerra mundial, “aparecen nuevas esferas de acción con la creación y fortalecimiento del EB, con la ampliación de los derechos humanos (1948) a todas las categorías de lo humano; con el aumento y mayor complejidad de la división social del trabajo, con la aparición de movimientos sociales que cuestionan la división de la sociedad en público y privado” (Barbieri 1996: 118). Al considerar los ámbitos de acción, hay que considerar los espacios y las acciones más allá de lo público y lo privado, además poder distinguir los distintos ámbitos en que se ramifica lo público (lo público-político, lo público-estatal, lo público-social), al nivel de los movimientos sociales o al nivel de la participación en grupos de interés, entre otros, y lo privado como expresión de los derechos y responsabilidades individuales de lo doméstico y las colectivas donde interactúan los sujetos. (16)

La autora está de acuerdo con quienes critican la representación dicotómica de las sociedades contemporáneas, puesto que “no permite dar cuenta de la complejidad de espacios sociales y físicos en que transcurren la vida humana y el hacer de los actores sociales. Tal como se ha manejado, constriñe el análisis y dificulta el acercamiento a la realidad” (págs. 118-119). Los análisis tampoco podrían limitarse al estudio de las representaciones como si estuvieran ancladas en el espacio físico, por ejemplo no se puede reducir lo privado como aquello que sucede “de la puerta de la casa o el tugurio hacia adentro”, ni lo público como “lo que está de la puerta del domicilio hacia fuera”, ni es suficiente considerar lo público como “las acciones que toman como referencia al estado y al gobierno y lo privado como el campo de acción de los particulares. Pienso en una recuperación de las relaciones sociales en ámbitos específicos, que recoja las distintas normatividades, actores e interlocutores presentes en dichas relaciones. El ejercicio que propongo a continuación intenta no desconocer ámbitos de juricidad diferentes, para tratar de identificar tramas de relaciones específicas que orientan y determinan la acción social.” (ibídem)

Como resultado de esta búsqueda de los principales ámbitos de acción, la autora propone seis espacios principales: 1) el de la acción y competencia estatales, 2) el de la esfera pública, 3) el de la sociedad civil y sus distintos niveles de organización, 4) el económico y/o del mercado: mercado de bienes y servicios y fuerza de trabajo, 5) el ámbito doméstico, y por último, 6) el íntimo o personal (p. 129).

El primer ámbito o el de la “esfera estatal” lo define la autora como “el espacio de mayor inclusión y abarcamiento, el que organiza la sociedad en términos de la normatividad más general. Esta se expresa en las constituciones y en los tratados internacionales. Desde 1948 los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas se comprometen a respetar y hacer cumplir en el ámbito de sus competencias la declaración universal de los derechos humanos: las garantías de libertad, igualdad, integridad física de las personas, movimiento, trabajo, formar y responsabilizarse de la familia y la descendencia, propiedad, educación, atención a la salud, vivienda, poner a los detenidos a disposición de los jueces competentes en un plazo mayor de 72 horas.” (p. 119)

El segundo ámbito, el de la “esfera pública” tomando la postura de Habermas (1986) es el “espacio privilegiado de lo político. Es el espacio social donde los ciudadanos expresan sus intereses diversos, generan opinión pública, vigilan la acción del gobierno mediante la crítica, hacen propuestas, demandas y proyectos más globales de organización de la sociedad, se enfrentan entre sí por el poder del Estado” (p. 116). Para de Barbieri “lo público” es también el “espacio de conocimiento y reflexión de la sociedad sobre sí misma y de las propuestas y acciones colectivas que tienden a mantener o alterar el estado de cosas vigente en la sociedad, o en sectores particulares de la misma” (p. 120).

En cuanto a la “sociedad civil”, el tercer ámbito, se define como una reunión de “grupos y organizaciones muy diversas de personas, de temporalidad variable, y de objetivos limitados a la satisfacción de necesidades específicas. En su acción pueden o no demandar al estado o al gobierno, pero cuando lo hacen no lo cuestionan globalmente. Su impacto en la opinión pública es más restringido y para que pueda lograrse es necesario trascender a este nivel” (p. 121). El ámbito de la “sociedad civil” cuenta “con menos incidencia política que los ubicados en la esfera estatal y gubernamental” (ibídem).

El cuarto ámbito le corresponde al “lo económico y al mercado”, lo constituye la fuerza de trabajo y el mercado de los bienes y servicios. Señala la autora que: “la participación femenina en el mercado marca el acceso de las mujeres al mundo público. Se ha visto que la participación en ámbitos laborales crea espacios de interacción con encuadres diferentes del doméstico, los que permiten al crecimiento personal, la toma de conciencia de la subordinación del género y la politización de las mujeres.” (p. 125)

El quinto ámbito es el de la “esfera doméstica”, ámbito que “se ha visto reducido en sus funciones, competencias, tareas en el proceso de la modernidad, pero que se mantiene como núcleo insustituible. Porque en él se crea y se mantiene la vida humana, en su doble faz, como vida biológica y como proceso de relacionamiento social, de humanización permanente y constante. Es la esfera dominada por las relaciones y solidaridades del parentesco, la conyugalidad, el parentesco simbólico y la amistad. Donde priman las relaciones afectivas sobre las contractuales y las leyes del psiquismo sobre la normatividad jurídica” (p. 125). Lo privado es un “espacio de autonomía personal, se juega en todos los ámbitos, de la interacción social, dentro y fuera del domicilio: en las relaciones afectivas y familiares, en el consultorio médico y en los centros hospitalarios de propiedad estatal y privada, en el lugar de trabajo, en las transacciones comerciales cotidianas, en las organizaciones sociales y las acciones colectivas. Su preservación exige estar alerta y permanentemente a la defensa y como contrapartida, de mecanismos eficaces para la salvaguarda y la denuncia de las arbitrariedades” (págs. 128-129). Esta esfera “no está excluida de la reglamentación legal. El derecho de propiedad, el de la familia y el de herencia rigen las relaciones sociales, señalan responsabilidades y exigencias mutuas entre las distintas categorías de integrantes” (p. 126).

El último ámbito lo constituye la “esfera de lo íntimo” o lo personal, y se entiende como el “espacio de la libertad individual, del afecto y las pulsiones. El lugar del sujeto con sus derechos y garantías, con sus compromisos y responsabilidades. Ámbito donde se expresan las determinaciones biológicas, socioculturales y psíquicas en permanente reacomodo, con sus potencialidades y limitaciones. Son conocidos los fuertes intentos exitosos por parte del Estado y otras instituciones sociales y económicas para normar y regular la conducta, limitar las potencialidades de pensamiento y acción. Es en los sujetos, las personas, los individuos donde toman cuerpo las construcciones simbólicas e imaginarias que dan sentido a la acción social” (p. 127). A través de la presencia y las luchas de los movimientos sociales y las acciones colectivas, en los últimos treinta años, se ha reivindicado “la esfera íntima como campo de lucha; los movimientos feministas, los homosexuales, los que se articulan en torno a los derechos reproductivos, los partidiarios de la eutanasia, los jóvenes y los viejos(as)” (p. 127). El reforzamiento de la esfera íntima y personal, indica de Barbieri, “obliga a la vez a ampliar la tolerancia y el reconocimiento de la otredad tanto desde las instituciones, las corporaciones y el Estado como desde las personas” (págs. 127-128).


En cuanto al tratamiento de estos ámbitos, a nivel metodológico, y desde el punto de vista de la investigación sobre las mujeres y los géneros, la autora intenta “recuperar las tramas de las relaciones. Las normatividades jurídicas y culturales, los actores e interlocutores en los espacios por donde se mueven” (p. 129). En cuanto a las acciones de las mujeres, de Barbieri se refiere específicamente a la participaciónde las mujeres: 1) en la “esfera estatal” cuando son “militantes de partidos y organizaciones que buscan estar representadas en el Estado y que aspiran a obtener el gobierno. Por lo general la participación es baja aquí y, para reforzarla, se propone en varios países el sistema de cuotas” (p. 122). 2) En la “esfera pública” cuando “demandan al Estado el cumplimiento de sus obligaciones de tutelaje de las garantías constitucionales; leyes que cambian la correlación de fuerzas del género femenino; servicios y subsidios para el mejoramiento de las condiciones de vida de los integrantes de los hogares” (ibídem). 3) En el ámbito de la “sociedad civil”, la participación se determina “cuando se realizan acciones colectivas tales que repercuten en la colectividad mejorando las condiciones de vida como construir una escuela, limpiar las calles, organizar clubes de beneficiencia, cooperativas de producción y consumo, etc. La ubicación en una u otra esfera es, por lo tanto, función de los interlocutores, referentes y proyectos de las mujeres (ibídem).



Referencias bibliográficas


Teresita de Barbieri: Los ámbitos de acción de las mujeres, en: Narda Henríquez (ed.). Encrujiadas del saber: los estudios de género en las ciencias sociales. Lima, Pontificia Univ. Católica del Perú, 1996, p. 107-132.