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Auf der Suche nach dem Rechtspluralismus

© Boris Gilsdorff
© Boris Gilsdorff

Boris Gilsdorff
E-Mail: boris.gilsdorff(at)gmx.de

Abstract
Dieser Artikel vollzieht die Entwicklung von einem statischen Verständnis von Rechtspluralismus hin zu dem Konzept von Interlegalität anhand eigener Feldforschungserfahrungen in Mexiko-Stadt nach.
Zu Beginn der Forschung verstand ich Rechtspluralismus als die Koexistenz von positivem Recht und sogenanntem Gewohnheitsrecht, das aus „traditionellen“, nicht niedergeschriebenen Normen besteht. Dabei sah ich diese beiden Rechtsformen als zwei recht abgeschlossene juristische Systeme, die tendenziell von unterschiedlichen Bevölkerungsgruppen angewendet werden. Diese wollte ich anhand der Konflikte, die sich durch das Überschneiden der Systeme zwischen den pueblos originarios und den staatlichen Autoritäten ergeben würden, im urbanen Raum erforschen. Diese systemische Perspektive wurde durch die aktuellen Ereignisse in Mexiko-Stadt, wo über 15.000 StraßenverkäuferInnen des historischen Zentrums nach Verhandlungen mit der Stadtregierung umgesiedelt wurden, aufgebrochen.
In einem Raum, der formal durch das Gesetz der Stadtregierung geregelt ist, steht die soziale Praxis der informellen StraßenverkäuferInnen scheinbar im krassen Gegensatz dazu. Betrachten wir die Prozesse genauer, befinden wir uns hier jedoch in einem semi-autonomen sozialen Feld (Moore 1978: S.54-81), in dem Akteure die Möglichkeit haben eigene Regeln aufzustellen und dessen Befolgung durchzusetzen. Gleichzeitig kann und wird das Feld aber durch die größere soziale Matrix beeinflusst und durchdrungen. So entfernen wir uns von der theoretischen Abstraktion des Rechtspluralismus und nähern uns der empirischen Dimension – der Interlegalität (Sousa Santos 1987). Hier sind es die sozialen Akteure, die sich diese Legalitäten aneignen, formen und abhängig von Machtstrukturen und sozialen Hierarchien geltend machen und damit einen langfristig stabilen Raum der Interlegalität bilden können.

Resumen 
Este artículo muestra el paso de un entendimiento estático del pluralismo jurídico al concepto de interlegalidad a través de las propias experiencias hechas durante una investigación de campo en la Ciudad de México.
Al principio yo entendía el pluralismo jurídico como una coexistencia del derecho positivo y del derecho consuetudinario que consiste en normas "tradicionales" y no escritas. Además veía estas dos formas de derecho como dos sistemas jurídicos cerrados y usados por diferentes grupos de la población. Se quiso investigar especialmente los conflictos que podrían nacer a causa de la coincidencia de los dos sistemas entre los pueblos originarios y las autoridades en un contexto urbano. Pero esta aceptada existencia de dos sistemas fue cuestionada por el caso actual del conflicto entre ambulantes y autoridades, en donde el gobierno del Distrito Federal reubicó a más de 15.000 ambulantes del Centro Histórico. Este conflicto no puede entenderse dentro una perspectiva sistémica que interpreta a los dos tipos de derechos como entes cerrados y en oposición.
Parece que en este espacio urbano las prácticas sociales contrastan fuertemente con las leyes del gobierno que formalmente prohíben el ambulantaje. Pero si se miran bien estos procesos, se puede ver que aquí se trata de un campo social semi-autónomo (Moore 1978: S.54-81), donde los actores tienen las posibilidades de hacer sus propias reglas y de imponer su cumplimiento. Al mismo tiempo este campo se ve influenciado y penetrado por la matriz social mas general. Así nos alejamos de la abstracción teórica del pluralismo jurídico y nos acercamos a la dimensión empírica de la interlegalidad (Sousa Santos 1987). En este sentido los actores se apropian de las legalidades, las forman y, dependiendo de las estructuras de poder y las jerarquías sociales, pueden hacerlas valer y así crear un espacio estable de interlegalidad.

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