CULTURA Y PODER

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T.L.: Cultura y poder: ¿Piensas que hoy el poder es ejercido principalmente por medio de la cultura? Es decir, ¿habría que poner a Marx de cabeza?

B.S.: No. Y si veo los procesos latinoamericanos, pero también en el resto de las periferias europeas, yo diría que la hegemonía de lo económico ha sido bestial en estos últimos veinte años y que no hubo resistencia cultural que existiera como resistencia cultural y que exista como resistencia cultural, que pudiera ponerse eficazmente en el camino de esa hegemonía bestial del pensamiento económico. Claro, uno podría decir que ese pensamiento económico también es una forma de cultura, es decir, el discurso de la economía es una forma de cultura. Naturalmente. Pero al mismo tiempo habría que agregar - sino pecaríamos de ingenuos- que fue impuesto por razones económicas, que fue impuesto con la prepotencia que tiene la materialidad de la economía, o lo que hoy se llama la inmaterialidad de la economía - hoy uno toca una tecla en Buenos Aires y va a la bolsa de Tokio, y a las cuatro de la mañana quiebra media nación.

Yo diría que la centralidad de la cultura, que es hablar también de la centralidad de los intelectuales, es algo que está en una relativa crisis en el presente y que a esa crisis yo también tengo que adosarle la crisis de lo político, que es una dimensión fundamental de la modernidad cultural. La crisis de creencias es un tema no solamente de la América Latina: los intelectuales y los políticos italianos hablan de crisis de creencias, los partidos socialistas de la mitad de Europa están preocupados por la crisis de creencias. Cuando hablamos de crisis de creencias estamos hablando básicamente de la crisis de una forma de la cultura moderna que tenía un pie apoyado sobre las instituciones escolares, un pie apoyado sobre la esfera pública y la prensa y un pie apoyado sobre la relación entre creencias políticas y partidos políticos, entre ciudadanos y políticos. O sea, que esa crisis de la política es también una crisis de la cultura. Por tanto, yo diría que desde lo años ochenta y muy evidentemente en los años noventa, la economía ha marcado el paso de eso que llamamos globalización, que ha sido muy eficaz en producir un cierto paquete discursivo sobre esa globalización, así como ha habido cierta eficacia desde el otro lado para producir un paquete discursivo antiglobalizador. Pero hay ciertas instituciones, y yo diría básicamente por una lado la escuela y por otro lado la política, que han entrado en la crisis final de lo que fueron en la modernidad, lo cual no quiere decir para nada su desaparición, sino el requerimiento de un nuevo acto de imaginación, de un nuevo acto de invención por parte de las sociedades. Entonces, crisis de la cultura para mí es crisis de la figura del intelectual y es también crisis de la figura política.