ENSAYO

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ESCRITORES | ESTUDIOS CULTURALES

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T.L.: Ensayo. A partir de Escenas de la vida posmoderna tu dejas el discurso académico y en tus escritos comienzas a utilizar la forma de ensayo. ¿Por qué?

B.S.: Quizá porque me aburro si escribo dentro de lo que son las normas del discurso académico, o sin el quizás, me resulta aburrido hacerlo. Hay cierta relación con la escritura muy viva que uno tiene que tener y que yo en un momento, ya con esa forma de discurso pautada, con la cita, nota al pie de página, la demostración, no lo puedo hacer.

Ahora bien, dejando de lado Escenas, que es más típicamente un ensayo, en un libro sin notas a pie de página como es La máquina cultural - en algunos capítulos tiene las notas hacia el final, en otros no tiene notas- lo que hay detrás de esa falta de forma académica es de todas maneras una investigación que responde a ciertas reglas del arte de la investigación. Hay mucho archivo, hay mucha biblioteca y por tanto hay mucha reserva en el caso de que alguna de las afirmaciones entre en conflicto con otras afirmaciones, o con objeciones que se le hagan. Cuando yo escribí La máquina cultural, la idea del primer capítulo fue escribir la historia de una maestra que yo reconstruyo en forma de una historia de vida en el sentido más clásico: reconstruí esa historia de vida, que la escribí en un tono casi al borde de la banalidad como son las historias de vida, con mucho detalle para la vida cotidiana, para la ropa, pero no con la desprolijidad que tiene la escritura de las historias de vida. La escribí con una tensión en la escritura, no desprolija: odio esas historias de vida donde los campesinos hablan como campesinos y los señores como señores. Elegí una escritura que fuera literaria pero que tuviera un toque con la banalidad, que aquello que estaba representado socialmente en la escritura, ese origen social bajo de esa maestra no fuera representado en la desprolijidad de la escritura sino por medio de un cierto toque con las culturas del habla de la mujer, del habla de la vida cotidiana. Pero una vez que terminé de escribir eso puse sobre la mesa las fechas de investigación que habían acompañado eso y que no figuraban en ese texto. Figuran en unas notas que están arrumbadas al final del libro, en las que cada una de las cosas que dice esa historia de vida, que sucedieron entre 1880 y 1930, tiene fuentes documentales. Haciendo esa historia yo encontré hasta los programas de literatura con los cuales había enseñado y estudiado esa maestra, busqué los libros de lectura, busqué los informes que los rectores de los colegios hacían sobre cómo tenían que formarse las maestras en 1900 en Argentina. Cada cosa que está ahí por detrás tiene una fuente documental. Lo que me hubiera resultado aburridísimo es decir: esta mujer se formó como maestra en 1920, en ese momento el director de la Escuela Nacional de Maestras decía tal cosa, y la cita. Esa forma a mí me hubiera resultado fatal, no sé si fatal para los lectores.

El impulso detrás de la idea de buscar nuevas estrategias de la escritura no necesariamente significa la liquidación de la cita al pie, mas bien es la de huir de esa disposición marmórea, inamovible que es un poco de texto, un poco de cita y un poco de nota al pie. No diría que huyo voluntariamente, huyo por razones de deseo, de goce. No se puede estar escribiendo un libro durante dos años, presentándose todas las mañanas ante una pantalla de computadora donde la forma de la escritura sea ultraconvencional. Uno tiene que encontrar algo que lo convoque a la pantalla, algo pulsional, más de deseo.

Por tanto, en el libro que más o menos está terminado, que es el libro sobre pasiones, hago usos muy distintos de las fuentes. La investigación está en el fondo y los usos de las fuentes son muy diferentes. Me gusta mucho usar fuentes que se toquen con lo banal. En el libro que acabo de mencionar, en el capítulo dedicado a Perón prácticamente no estoy hablando de Eva política, que además no me parece un tema muy interesante, sino que hablo de los vestidos de Eva. Son setenta páginas sobre sus vestidos, sobre si se parecían o no a los vestidos de otras actrices de cine de ese momento, y por qué ella nunca triunfaría como actriz de cine. Eva Perón no había encontrado su tipo dentro las actrices de cine de la década del 40, pero sí pudo imponer un tipo que no servía para el cine, pero si en la política. Un personaje central de esa historia es el modisto de Eva y cómo la construye como cuerpo. Tiene que ver también por dónde uno entra a los temas, pero yo diría que lo básico es que no se puede escribir aburrido.