KARL KRAUS

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T.L.: Ahora viene la letra K; podría poner Kafka, pero no creo que vendría al caso.

B.S.: Podríamos poner Karl Kraus.

T.L.: Bien, de acuerdo.

B.S.: Esa fue una figura que a mí y a otras personas nos sobrevoló en los años de la dictadura militar; sobre todo en los primeros años, cuando pensamos que eso podía durar muchísimo tiempo. No sabíamos que la dictadura iba a caer en 1982 después de perder una invasión a Malvinas. Pensábamos que esto podía ser para siempre, o digo, por muchísimo tiempo; ya Pinochet llevaba más años y uno siempre busca figuras.

Por supuesto la Viena de Karl Kraus poco tenía que ver con la Buenos Aires de la dictadura militar, pero lo que me resultaba extremadamente atractivo en Kraus era la idea de sostener él sólo una publicación durante décadas, de escribirla, difundirla, dar conferencias; en fin, convertir el centro de una intelectualidad o de una discusión a partir de la actividad de un sólo individuo, en una batalla solitaria contra todo. Una batalla solitaria, en primer lugar, contra el periodismo vienés, contra un cierto contentamiento con la cultura centroeuropea que él percibía como lo peor que podía pasar en ese momento; una batalla material en el sentido de llevar adelante una publicación sólo; un hombre que tenía algo de enajenado, en un medio donde sólo unos pocos intelectuales lo seguían, pero en un medio donde provocaba el escándalo. Por supuesto se puede pensar que es casi ridículo que uno haya pensado en Karl Kraus, pero cuando yo veía la K, yo decía, la K es Kraus.