PERIFERIA

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T.L.: Periferia: ¿utilizas este concepto en relación a un centro o éste, por su localización extrema, es un lugar poco perturbado por las influencias del centro, o es aquel espacio en el que surge la mezcla, lo diferente?

B.S.: Bueno, hay muchas cosas. En principio yo creo que el concepto de periferia es inescindible del concepto de centro: se es periferia de un centro, que puede ser una capital colonial o un imaginario cultural que esté situado en otra parte. Pero sea cual sea el centro, se defina como se defina, lo que está claro es que se es periferia de un centro, no se es periferia simplemente, como no se es margen simplemente, o como no se es orilla simplemente. Digamos que desconfío de la idea de que hay una independencia del margen o una independencia de la orilla: se es margen y orilla respecto a un centro, sino esas palabras carecen completamente de sentido.

La conciencia de la periferia es siempre la conciencia de que uno no está donde está el centro, por eso es una conciencia muchas veces enajenada, alienada, en el caso de América Latina europeísta, porque se es la conciencia de que allá hay cosas que pasan que no están pasando acá. Y es más, esa conciencia muchas veces está reduplicada por el deseo de que algunas de las cosas que suceden allá, sucedan acá, o sea, reduplicada por un deseo de asimilación que puede tener signos positivos o negativos.

Yo no creo que toda asimilación debe ser rechazada: cuando América asimila ciertas instituciones europeas, esa asimilación no debe necesariamente ser rechazada. Por supuesto que en América esa asimilación se hace con mezcla, y acá entramos en la segunda parte de tu comentario: ¿qué sucede en esos traslados? Me gusta citar siempre un artículo del ensayista y crítico literario brasileño Roberto Schwarz, cuyo título es Las ideas fuera de lugar, es decir, qué sucede cuando esas ideas viajan, ¿les sucede como a los vinos? Dicen que los vinos viajan mal, que no sabe igual un vino tomado en el lugar de origen que cuando ha atravesado el Atlántico. A las ideas le sucede eso, le suceden esos problemas de inadaptación, pero también hemos visto que las ideas se han deformado en sus lugares de origen, por ejemplo, la idea de nacionalismo se deformó en uno de sus lugares de origen que fue Alemania hasta convertirse en un monstruo. Pero en el caso latinoamericano es evidente que, como dice Roberto Schwarz, hay una especie de forzamiento cuando la idea de una república liberal viaja a una economía basada en la esclavitud como es la economía brasileña, que esto es lo que le preocupa a Roberto Schwarz en todo su análisis brillante de Machado de Assis. Es decir, ¿qué pasa cuando el esclavista es al mismo tiempo liberal, qué pasa en esa deformación que es parte de la hipocresía, que es parte del cinismo de una sociedad y que es parte de la incapacidad de esa sociedad de tender a vivir esas ideas que han viajado?

Pero que las ideas viajen es inevitable y no viajan solo en el mundo globalizado; viajaron en todo el siglo XIX: había un pobre hombre que terminó siendo miembro de la primera junta independiente de España en la Argentina. Comenzó su vida tratando de traducir en 1804 un capítulo del Contrato Social de Rousseau: ese gesto tenía que ver con el viaje y también con la periferia, con el sentimiento de que en Buenos Aires no se había escrito ningún libro como el Contrato Social, y ese sentimiento tuvo una base de verdad en estas pampas donde no había sino vacas y toros más o menos salvajes. Había algo allá que no teníamos de este lado, como cuando los turistas europeos llegan a América Latina buscando un salvajismo que creen no tener en Europa, y entonces hacen turismo de aventura, tracking.

T.L.: ¿Miras tú desde las márgenes o está tu mirada dirigida hacia las márgenes? Orillas, ¿utilizas ese concepto para indicar una división, un límite o es en su acepción argentina significado, significando arrabal?

B.S.: Yo no tengo otra salida que mirar desde donde estoy y yo estoy colocada definitivamente en la periferia de Europa, o sea, que no podría fantasear para mí otro lugar de mirada. Quizás hace veinte o treinta años hubiera podido salir de esa periferia e insertarme en algún otro medio, o quizás no, pero lo cierto es que durante toda mi vida y durante todo lo que será mi vida, mi colocación es una colocación desde la periferia. Tengo permanentemente el sentimiento de estar ubicada en un lugar secundario respecto del centro, donde no son tomadas grandes decisiones. En algún momento evocamos en esta entrevista sobre globalización: esas decisiones fueron tomadas en otros lugares que encontraron en la periferia sus actores, sus clases dominantes dispuestas a seguirla, pero donde hay centros de decisión que exceden aquello, aquel lugar donde yo vivo, que exceden las posibilidades y las potencialidades de ese lugar donde yo vivo. Yo vivo en la periferia, vivo en el español con inflexión rioplatense, es a eso que estoy adherida y no puedo mirar desde otra parte que no sea esa. No hay ningún gesto que me incorpore al centro. Puedo a veces disimularme en el centro, durante algunas semanas, pero no hay ningún gesto que pueda incorporarme al centro. Tengo permanentemente la sensación de pertenecer a otra parte; es una sensación muy ambigua porque, al mismo tiempo, tengo la sensación de que las culturas de ese centro son culturas que también me pertenecen, es decir, que tengo derecho sobre ellas, pero también ese derecho es un derecho ambiguo. Muchas veces me pregunto si en vez de enseñar toda la vida literatura argentina o literatura latinoamericana yo enseñara Proust, a veces se lo digo a los estudiantes: ustedes no están condenados a enseñar toda su vida literatura latinoamericana; quizás ustedes pueden enseñar Proust, o pueden enseñar Collerige y, al mismo tiempo, dentro de lo que son las coordenadas en las que pasó mi vida y dentro de las que pasó mi formación, creo que sí, que efectivamente estoy como clavada en ese punto que es un punto de la periferia y cuya conciencia no me abandona; quizá una conciencia orgullosa o nostálgica del centro, o quizás a veces una conciencia orgullosa y otras veces nostálgica.

Aunque a veces esté orgullosa de la diferencia, otras veces me siento menos diferente, menos periférica. No quiero hacer de esa necesidad ninguna virtud. Es simplemente algo que acontece en la vida de los latinoamericanos y que procesamos de manera diferente. En el caso de orillas ese fue un instrumento heurístico para leer a Borges. Creo que él es el que inventa el concepto de orillas y en ese punto construye una estética que está situada en relación tan viva con aquello del mundo al cual él pertenece, con aquello del mundo argentino como con aquello del mundo al cual el sólo pertenece imaginariamente, incluso a través de su abuela inglesa y de su biblioteca de libros ingleses. Pero también es allí una pertenencia imaginaria.

En el caso de Borges ese concepto me pareció de una enorme capacidad interpretativa. Ya hoy para mí los conceptos de orilla y margen son prácticamente sinónimos. Cuando tuve que escribir sobre Borges en inglés usé edges, que es el concepto de orillas. No es el concepto de barrio, es un concepto más definido, menos topográficamente que culturalmente, es decir, está muy definido desde el punto de vista de la perspectiva cultural con la cual alguien mira aquello que es parte de su propia herencia y aquello de lo cual se tiene que apropiar, que son dos cosas muy diferentes. Pongamos el caso de Borges: es muy diferente conocer aquello de lo cual uno se ha apropiado y conocer muy bien aquello que es parte de la herencia. Son dos relaciones con la materia, con los libros, con la dimensión simbólica absolutamente diferentes.

En el caso de periferia me parece que el concepto es más amplio, que engloba dimensiones económico-sociales, tecnológicas, demográficas, uno podría decir un concepto más técnico y menos poético.