FORMACIÓN

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¿Cuál fue tu formación intelectual? ¿Quiénes son los intelectuales que más te influenciaron?

Mi formación intelectual como ya se deben dar cuenta es muy heterodoxa. No tengo ninguna línea fija, pero sí una trayectoria. Creo que en primer lugar mi formación revela bastante de lo que fue la historia de mi generación en la Argentina, porque yo no tuve una Universidad digna de tal nombre, es decir, cuando yo entré a la universidad, la universidad ya estaba intervenida, fue en el año 1970. Estaba intervenida por el gobierno militar de la época; los mejores profesores que fueron los que formaron la generación anterior a la mía no estaban más, es decir, el período 1958-1966 en Argentina fue un período de grán esplendor universitario y bueno, yo entré a la universidad después de eso, cuando ya no quedaba nada de ese esplendor. Tuve una formación desde el punto de vista universitario muy floja, muy pobre, sin grandes maestros, sin grandes figuras pero, lo interesante al mismo tiempo, fue que si bien ya no había ese clima de grandes figuras, sí quedaba por un lado la generación que había sido formada por los grandes nombres antes del '66. Algunos de ellos seguían siendo ayudantes, asistentes en la universidad. Pero además lo que quedaba sí era un clima intenso de debate político e intelectual. Esos años para mí, del '70 al '74, fueron años de enorme pasión política-intelectual que se fue deteriorando con el tiempo. Los años '71 hasta '73 fueron años muy productivos, por lo que nosotros discutíamos entre nosotros, por la manera en que nos organizábamos para leer lo que no nos daban en la universidad, para tener una formación autónoma, etc. A fines del '73 y en el '74 ya entramos en un período en el cual la política eliminaba toda posibilidad de interrogación intelectual. Esto en un clima de mucha radicalización, y donde la figura del intelectual estaba totalmente degradada frente a la figura del guerrillero, del miliciano o del activista. Y eso lo viví yo en mi propia persona, digamos, no sólamente hacia afuera, me pasó a mí también. De manera que fue una etapa muy intensa. Desde el punto de vista de mi formación, esa etapa fue muy importante para mi formación intelectual de izquierda, es decir, yo me formé en esos años a través de una literatura marxista. Leí lo que había que leer, digamos, empezando por un curso súper intensivo de "El Capital" hasta después todo lo que fue la discusión sobre modo de producción que ya venía de antes pero era parte de nuestra historia. El estructuralismo, Althusser, etc. Y después Gramsci, que tuvo bastante importancia en nuestras discusiones dentro del campo mismo de la izquierda. O sea que ahí hay más bien una formación teórica-política, pero que tuvo influencia en mi formación como historiadora, proveniente del marxismo. Desde el punto de vista más de historia, yo creo que, lo mismo que otros sectores de la época, nosotros en ese momento entendíamos a la historia muy vinculada a las ciencias sociales, y eso ya venía de la generación anterior. En ese sentido la escuela de los Annales y todo lo que sería el desarrollo después de la sociología, de la economía y de las ciencias políticas, tenían un efecto muy grande. Ahora pienso distinto, pero en esa época pensaba fuertemente que la historia era una ciencia social. Y por lo tanto también eso está en mis orígenes, en mi formación inicial. Tanto por el lado del marxismo como por el lado de la historia social, digamos, para nosotros en una etapa tuvo una gran importancia, en una etapa un poco posterior - y en el caso mío particular porque estudié en Inglaterra más fuerte pero no sólo porque estudié en Inglaterra porque mis colegas argentinos también experimentaron la misma influencia intelectual - la izquierda marxista inglesa. Los historiadores sociales a nosotros nos marcaron muchísimo empezando por Erick Hobsbawn, Thompson, Hill, todo el grupo de "Past and Present" fue, para nosotros, ávidamente leído y trabajado. Eso fue muy fuerte como influencia intelectual en todo el primer período.
En un segundo período, si se quiere más maduro... perdón, primero quisiera decir algo respecto a los historiadores argentinos. Creo que hay historiadores argentinos que nos marcaron como generación también, y yo creo que cuyos paradigmas fundamentales todavía no han sido puestos en cuestión. Es decir, nosotros somos herederos de un tipo de mirada que nos informa, a pesar de que muchos - en un punto o en el otro - nos hemos distanciado de estos historiadores pero que como visión global del pasado argentino son los que informan todavía esa visión: son por supuesto Tulio Halperin Donghi, José Luis Romero, y en el caso de historia política, Natalio Botana. Yo creo que con mucha discusión que tengamos con algunas hipótesis - alguna gente discute mucho con ellos algunos puntos- no hay una interpretación global de la historia argentina que todavía reemplace a estas grandes figuras.
En la segunda etapa yo tuve una conversión desde lo que había sido más un enfoque propiamente del resultado de mis inclinaciones ideológicas y metodológicas: por la historia estructural, por la historia de la acumulación capitalista, por la historia del mercado de trabajo, que son claramente temas estructurales, me fui virando hacia la historia política, y esto fue un paso dificilísimo para mí porque yo empecé a pensar la política desde Thompson, digamos desde una historia estructural, y muy pronto me fui dando cuenta que no me servía. Y el paso fue difícil porque me llevó muchos años sentir que entendía lo que pasaba en la vida política, y allí debo decir que las influencias fueron muy heterodoxas. Por supuesto dejando del lado las influencias de los argentinos, como Halperín y Botana que ya mencioné, creo que ahí recurrí realmente a todo, a todo lo que podía encontrar, empezando por algunos de los teóricos franceses del proceso de construcción de la república y del liberalismo como Pierre (Rosanballon); teóricos de otro cuño (como Leforte) para analizar los procesos de la democracia, ciudadana, etc., hasta historiadores preocupados por los mismos problemas como el caso del brasileño José Murilo de Carvalho, que para mí es una de las personas que me ha despertado siempre más interés por las preguntas que él se hace. Las respuestas que se da son distintas que las que doy yo, pero las preguntas que él se hace me abrieron la cabeza, por decirlo así. Lo mismo en el caso de François (Xavier) Guerra, cuyas preguntas me parecen siempre interesantes, y que me han permitido pensar temas que no podía pensar. Después, por supuesto, ya mencioné el caso de Habermas y Koselleck, otra vertiente que también me ha servido a mí para pensar el problema del siglo XIX, el problema de la construcción de la nación, de la construcción de las nuevas repúblicas.
Esto para darte una idea que no han sido como figuras estructuradoras, sino más bien un recurrir a un conjunto muy heterogéneo de personas que pensaron problemas que a mí me interesan. Y en general podría seguir con la lista, no tiene mucho sentido, te diría más bien que mi forma de trabajar actual - la que más me gusta - tiene que ver con buscar a autores que planteen problemas y ver cómo los plantean. No quiero encontrar soluciones, no quiero encontrar recetas, creo que uno de los grandes problemas - sobre todo de la historia política - es que no hay recetas de cómo se hace?, y que entonces, más bien, uno tiene que leer muchos libros de historia buenos para poder después ver si a uno le sale algo parecido, pero no porque se sigan los mismos caminos, sino más bien cómo se abre la cabeza, cómo se piensan cosas nuevas? Y en este sentido la historia política ofrece un desafío muy grande, porque obliga además entrar en un terreno que ahora está muy desarrollado y que para mí es riquísimo, que es el terreno de la historia intelectual. Que yo no hago historia intelectual, pero realmente me nutro todo el tiempo de la historia intelectual. No puedo hacer historia política si no entiendo el mundo de las ideas, de los valores, de lo imaginario, de lo que la gente cree, de qué quiere, y en ese sentido para mí fue un paso dificilísimo pensar que a la política no la determinaba la clase social; no la determinaba el lugar donde uno está en la estructura, sino que las determinaciones son mucho más complicadas y que entran cosas tales como lo que uno cree, lo que uno quiere, el futuro que uno quiere diseñar - en todos los niveles sociales. Y que una persona quizás da la vida por una idea más que por si gana más o menos salario. Entonces, eso me costó mucho aceptarlo.