PARÉNTESIS

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En tus libros El rastro, del 2002 y en Zona de derrumbe, del 2001 los paréntesis son un recurso muy frecuente. El paréntesis aparece como una voz alterna, como un punto reflexivo o bien una mirada íntima del personaje o de Margo Glantz. ¿Qué posibilidad le brinda a usted el paréntesis?

Bueno, cuando escribí El Rastro, me di cuenta que al mismo tiempo que había una voz obsesiva que era la de Nora García, había una cantidad de voces alrededor que muchas veces era muy difícil colocar en el texto si no se recurría a alguna estrategia narrativa y me di cuenta que el paréntesis jugaba muy bien ese papel. Es evidente que el paréntesis se utiliza muchísimo en la literatura, pero lo que yo creo que manejé de una manera particular fue la sucesión de paréntesis, es decir, de poner un paréntesis junto a otro paréntesis, junto a otro paréntesis... y muchas veces también, que eso me parece muy importante, hacer que dentro de un paréntesis hubiera primero dos puntos y luego lo que seguía, que era una forma de poder manejar la simultaneidad de las voces y los distintos tonos que la narradora oye a su alrededor, y que forma parte de una especie de un concierto de voces que estaría muy relacionada con su obsesión con la música también. Pero al mismo tiempo con voces muy banales, pero fundamentales para la atmósfera de un entierro, y también esa fragmentación del discurso interno que se va creando constantemente, por la movilidad de la conciencia que se va deteniendo... y en algunas cosas se interrumpe, se moviliza hacia otra parte, etc. Me parecía muy importante utilizar el paréntesis. Y luego también me pareció, por ejemplo para la cosa de fragmentos de voces, de chismes - que son también clásicas de los entierros -, cabían no en la narrativa principal sino en el paréntesis. También encontré que a veces uno trabaja un pensamiento que se interrumpe y que necesitaba que dentro de un paréntesis hubiera otro paréntesis, que a su vez necesitaba otro paréntesis, que a veces tuve muchos problemas en la editorial porque no me querían aceptar eso: Aquí no cierra usted el paréntesis, aquí ... Le digo: Ay es lo que yo quiero, es lo que a mí me interesa. Luego también me ponían cursivas. Yo no quiero cursivas, no quiero que ninguna obra de Bach tenga cursivas. Todo es el mismo discurso, pero al mismo tiempo es un discurso interrumpido por paréntesis. Todo lo que quiero que se interrumpa, porque es un texto que tiene muchos fragmentos, pero es un sólo gran fragmento que se maneja como una obsesión que empieza en el entierro y termina en el entierro, aunque eso lleve a reflexiones, a sucesiones de memoria de la época en que estaban juntos los personajes, etc. Pero en realidad lo que me importaba era señalar, como en este cuento del dentista, que lo más importante era ese momento, y que el que la narrativa está cerrada aunque la mente nunca está cerrada para recordar otras cosas, pero anecdóticamente está cerrada al territorio del velorio y al del pueblo donde se entierra al personaje. Eso sería, es decir, el velorio, la procesión hacia la iglesia, la misa de cuerpo presente, otra vez la procesión hasta el cementerio y la puesta en tierra del ataúd. Era lo que me interesaba. Con todo lo que tenía alrededor. Ahora claro, un personaje puede ir a su vida amorosa con el otro personaje, puede recordar discursos, lo que ustedes quieran. Y se pueden hacer intercalaciones, porque hay muchas intercalaciones. Pero el paréntesis me solucionaba muchas dificultades ficcionales de estrategias narrativas. Y ahora que estoy rehaciendo Zona de Derrumbe, que tiene mucho menos paréntesis y que tenía cursivas, cambié totalmente el texto para darle una uniformidad. Nora García permanece como personaje principal, pero eliminé las cursivas - todo queda dentro de la misma discursividad - y aumenté los paréntesis. Encontré que los paréntesis me daban una movilidad que necesito mucho es los textos, pero que no voy a explotar en muchos más textos porque se volvería un recurso manido. En donde me sirva lo voy a seguir haciendo, pero donde no me sirva ya no lo voy a meter. Tengo una tercera novela pensada que ya está muy, muy pensada, hay algunas cosas también escritas que también es de Nora García. Entonces ahí también voy a manejar, porque en última instancia son tres textos donde Nora García es el personaje principal. Aunque sean completamente diferentes unos textos de los otros, pero es el personaje que me permite ficcionalizar la intimidad. Es decir, trasladando a Nora García todos esos problemas, la impudicia posible a la que tú te referías, se difumina totalmente, es un personaje que me ayuda muchísimo para poder meter todo lo autobiográfico aunque lo autobiográfico no sea lo vivido personalmente sino lo vivido por lecturas o por lo que la gente me ha contado, etc. Es decir, que todo lo que recojo como persona es autobiográfico, no necesariamente vivido autobiográficamente sino asimilado autobiográficamente.