Lo público y lo privado: Transcripción

En tus trabajos, tomas una posición frente a la dicotomía de espacios separados por género que identifica a lo público con lo masculino y a lo privado con lo femenino. ¿Cuales son las consecuencias de esta separación para las mujeres y en especial para las madres solteras y las viudas?

E. J. – Yo creo, como decía antes, que desde el pensamiento feminista fue que pudimos empezar a reconstruir esa frontera entre lo privado y lo público. Permanentemente, estamos en un mundo sociopolítico y cultural que quiere reforzar estas fronteras y esta distinción entre la domesticidad de las mujeres y la publicidad. Siempre nos reímos si uno ve en los diccionarios y busca lo que quiere decir “mujer pública”, sabemos muy bien lo que dice, dice prostituta, o sea, todavía, en gran parte de los diccionarios, dice eso. De modo que no es una invención nuestra de decir que esta distinción tajante está todavía presente y sigue estando. Pero bueno, hay, en este momento, muchas décadas de lucha para quebrarla, hay, como digo, fuerzas que empujan a las personas más excluidas y más sometidas, hacia esa situación de no reclamar, de aislamiento, porque el tema no es lo privado y lo público, el tema también es el aislamiento social. No sé porque a las mujeres viudas o a las madres solteras hay que separarlas del resto, no sé. Depende muchísimo de la etnia y de la clase social, o sea, muchísimas señoras viudas de clase alta, blanquitas y ricas no tienen ningún problema con ser viudas, te aseguro, ¡ninguno!, pues ellas pueden recobrar un nivel de actividad y de presencia. Creo que los temas de aislamiento social y de poner a las mujeres en esos espacios aislados, que muchas veces son domésticos, es una característica del sistema patriarcal y todavía lo tengo presente.

 

¿Cómo se manifiestan las diferencias de género en el proceso de lucha para la construcción de la memoria colectiva?

E. J. – Hay una parte que tiene que ver con que toda la presencia de lo “familístico” que es fundamentalmente llevada adelante por mujeres. Entonces, ¿esto qué significa? Hay una lucha en la esfera pública por la legitimidad de la voz: ¿quiénes son los que tienen derecho y los que tienen legitimidad para hacerse oír en la esfera pública? Entonces, esto se va construyendo. Van a ser en el año próximo treinta años del golpe del 1976, o sea, pasó mucho tiempo y van cambiando las cosas a lo largo de estos treinta años. Se fue construyendo en una época el intento de hacer valer su legitimidad, si ha sido de las madres o no, y después han surgido otras voces, y había voces que estaban bastante calladas. Una de las voces calladas durante un cierto tiempo es la voz de los sobrevivientes, es la voz de los militantes que estuvieron activos, que eran militantes políticos y que fueron secuestrados, que fueron víctimas y que de alguna manera sobrevivieron. La voz esa estaba bastante acallada, y esos son hombres y mujeres. Allí hay hombres y mujeres. Y esa voz estaba bastante callada sobre la base de aplicar una frase de sentido común argentino que es: “por algo será”, que se aplicaba durante la dictadura, si se lo llevaron a alguien “por algo será”, o sea, era militante. Entonces, ahora si alguien sobrevivió, algo habrá hecho para sobrevivir, por algo será que sobrevivió. Entonces, esta especie de sospecha hizo que esa voz fuera bastante acallada y muy poco presente en la esfera pública. Y esto cambió por completo ahora, cuando digamos, como que hubo un quiebre, una recuperación de un espacio emblemático –que es además de donde sí sobrevivió gente–, que es un lugar, un campo de detención clandestina que era la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, la ESMA, y el presidente argentino Kirchner está recuperando ese lugar para convertirlo en museo. Entonces, ya empezó a aparecer una voz pública y legítima de los sobrevivientes y de las sobrevivientes contando lo que pasó en ese lugar.

Pero lo que diría entonces es que a lo largo del tiempo hay como una especie de escenario político de luchas por quienes son las voces que van a ser escuchadas socialmente. Las madres fueron primero, después hay una voz importante que es la de la siguiente generación que son los hijos. Los hijos de los desaparecidos, hijos de exiliados. Aparece luego esta voz de los ex-militantes, de los sobrevivientes y una multiplicidad de voces de otras organizaciones sociales y otras partes de la sociedad argentina que también están reclamando la posibilidad tanto de conmemorar como de hacerse escuchar. Entonces, en este momento, si uno va a una de las marchas de conmemoración del 24 de marzo, se va a encontrar con que la columna de madres, la columna de hijos, es absolutamente minoritaria. Y va a encontrar cuadras de piqueteros, montones de organizaciones sociales de todo tipo, barriales, políticas que van a la marcha como van todos, o sea, que como que la dictadura no tiene dueño. La memoria de la dictadura no tiene un dueño legítimo, sino que en alguna manera, todos podemos y tenemos derecho a conmemorar o a darle sentido a ese pasado elaborando una narrativa de memoria.