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Aislamiento Social: Transcripción

En tus trabajos, tomas una posición frente a la dicotomía de espacios separados por género que identifica a lo público con lo masculino y a lo privado con lo femenino. ¿Cuales son las consecuencias de esta separación para las mujeres y en especial para las madres solteras y las viudas?

E. J. – Yo creo, como decía antes, que desde el pensamiento feminista fue que pudimos empezar a reconstruir esa frontera entre lo privado y lo público. Permanentemente, estamos en un mundo sociopolítico y cultural que quiere reforzar estas fronteras y esta distinción entre la domesticidad de las mujeres y la publicidad. Siempre nos reímos si uno ve en los diccionarios y busca lo que quiere decir “mujer pública”, sabemos muy bien lo que dice, dice prostituta, o sea, todavía, en gran parte de los diccionarios, dice eso. De modo que no es una invención nuestra de decir que esta distinción tajante está todavía presente y sigue estando. Pero bueno, hay, en este momento, muchas décadas de lucha para quebrarla, hay, como digo, fuerzas que empujan a las personas más excluidas y más sometidas, hacia esa situación de no reclamar, de aislamiento, porque el tema no es lo privado y lo público, el tema también es el aislamiento social. No sé porque a las mujeres viudas o a las madres solteras hay que separarlas del resto, no sé. Depende muchísimo de la etnia y de la clase social, o sea, muchísimas señoras viudas de clase alta, blanquitas y ricas no tienen ningún problema con ser viudas, te aseguro, ¡ninguno!, pues ellas pueden recobrar un nivel de actividad y de presencia. Creo que los temas de aislamiento social y de poner a las mujeres en esos espacios aislados, que muchas veces son domésticos, es una característica del sistema patriarcal y todavía lo tengo presente.

 

¿Cómo han podido superar las mujeres esta separación a través de su participación en los movimientos sociales?

E. J. – Se da, por supuesto, que es a través de los movimientos sociales que se supera. Pero, no sé si es a través de los movimientos sociales que se supera. Puede ser que sí, puede ser que no, y puede ser que haya otras vías. Hay, yo diría, muchos estudios que muestran que para mujeres, especialmente, mujeres de clases altas, todos los movimientos de caridad (de caridad cristiana inclusive), las han sacado de sus casas, y han jugado un papel en orientar la vida de los otros; y si se quiere, politizar la vida de otras mujeres, a partir de una salida. Ellas han superado la separación entre lo privado y lo público, a través de una cierta forma de participación social, imponiéndose a otras mujeres. Pero hay algo que no logro entender de esta pregunta o de esta manera de pensarlo. O sea, yo creo que cuando las mujeres que habían estado encerradas en sus casas, empiezan a salir, sea que salen y tienen que salir especialmente a las ciudades, porque tienen que ir a la escuela de los chicos, porque tienen que ir a encontrarse con las vecinas en la cola de las compras –aunque sean espacios barriales muy pequeños–, se van generando posibilidades de compartir y de salir de ese aislamiento; yo creo que el tema del aislamiento es importante porque naturaliza el sometimiento. Por ejemplo, hay estudios que muestran, que las mujeres que son objeto de violencia doméstica, por una especie de transmisión generacional, si se quiere, de una naturalidad de la violencia doméstica, no se dan cuenta que puede haber otra cosa diferente. Salir de la domesticidad, darse cuenta que existen otras maneras de convivir en la vida cotidiana, que no incluye la violencia, es un paso importante para empezar a desnaturalizar las formas de dominación cotidianas. Entonces, bueno, esas son las pequeñas salidas si se quiere, ellas no lo pueden hablar en grande, pues para las mujeres que lo sufren son pequeñas cosas. La mujer que sufre violencia doméstica no va a ir a la calle, sin haber tenido intermediaciones barriales de marchas contra la violencia doméstica en el centro de la ciudad.